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Terapia Breve-Estratégica

mediados de la década de los 70, en Palo Alto, California se crea el Mental Research Institute intentando crear un modelo que solucionara los problemas en el menor tiempo posible. Dos de los integrantes, John Weakland y Jay Haley estudiaron el trabajo de Milton Erickson, reconocido terapeuta que resolvía los casos de maneras poco ortodoxas y buscaron la lógica tras las “ilógicas” intervenciones. Allí nacieron las primeras intervenciones estratégicas.

Actualmente, el máximo exponente de la Terapia Breve-Estratégica es el italiano Giorgio Nardone, que mantiene la filosofía de querer resolver problemas complicados con soluciones aparentemente simples. A diferencia de corrientes clásicas como el psicoanálisis, la Terapia Breve no busca por norma el origen de un problema psicológico en la infancia, en lugar del «por qué« busca el «cómo funciona« y afecta ese problema en el presente. El pasado es una fuente de información para saber qué ha fallado. Desde la visión de la Terapia Breve, se trabaja con los recursos de la persona y sus habilidades.

El objetivo principal de la terapia es eliminar los síntomas o el comportamiento disfuncional por el cual la persona ha acudido a terapia. Dicha terapia no emplea definiciones como “normalidad” o “patología”, sino que se destaca la funcionalidad o disfuncionalidad del comportamiento de las personas y su forma de relacionarse con su propia realidad. Así pues, buscamos Estrategias creativas, a veces extrañas y nuevas para relacionarnos con la situación problemática. Creativas porque no hay un protocolo específico para cada problema, sino que para cada persona, hay que “crear” esa estrategia a medida para cada persona. La terapia es activa dentro y fuera de la sesión.

La terapia es Breve por su número de sesiones o por su dilatación en el tiempo (o por ambas a la vez). Es una responsabilidad, casi obligatoria ofrecer a las personas soluciones lo más efectivas posibles en el mínimo tiempo, y por lo tanto con el mínimo gasto económico posible.

Que sea Breve y que no ahonde en toda la historia vital de la persona no quiere decir que sea superficial. Si el problema es un edificio que ha tardado años en construirse, no hay que presuponer que se necesitan años para desmontarlo. A veces solo es necesario poner la dinamita justa en el punto adecuado para que el problema se caiga a pedazos.

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